viernes, 29 de abril de 2022

Globalismo versus soberanismo.

 

Durante la mayor parte del siglo XX la economía política hablaba de capitalismo versus comunismo.

En ese momento se trataba de un capitalismo con nacionalidad, “capitalismo yankee”, por ejemplo.

En la órbita comunista, si bien el régimen no era capitalista, había una economía estatal con empresas que pertenecían a un país, Rusia, China, etc., es decir que también tenían nacionalidad.

Las economías de los países capitalistas eran resultado del producido de las empresas y las características de éstas les daban un determinado sesgo, se hablaba de economías industriales, agroexportadoras, productoras de materias primas, etc.

Las empresas, que producían bienes, tenían dueños y estos detentaban el poder tanto económico como de manejo en las organizaciones. Podrían existir grupos que controlaran dichas empresas, pero sus accionistas tenían nombre y apellido y en general pertenecían a determinadas familias ligadas a la actividad durante generaciones.

Así era el capitalismo del siglo XX.

En cambio, hoy no se sabe con certeza a quién pertenecen las empresas.

En general éstas dependen de un “holding” que detenta la mayoría de su paquete accionario, este “holding” puede o no pertenecer a otro mayor, que posee las acciones de éste y así sucesivamente. Finalmente, en la cúspide del árbol aparece el “fondo de inversión controlante”, como por ejemplo el fondo Black Rock que gestiona activos por más de 6000 billones de dólares, superior al PBI de la mayoría de los países, salvo EEUU y China.

Este capitalismo basado en lo financiero es una evolución patológica del capitalismo que conocimos en el siglo anterior. La riqueza ya no está más en poder de las empresas que producen bienes, sino en las entidades cuya actividad es la especulación financiera, es decir no producen riqueza (bienes) sino humo.

Si estudiamos a quienes figuran en el “top ten” de las grandes fortunas mundiales según la revista Forbes, nos encontramos que la mayoría de ellos no poseen empresas sino fondos de inversión que a su vez tienen acciones en las empresas, muchas de ellas competidoras entre sí, con lo que la famosa “economía de mercado” se las ve mal para funcionar, porque en algunos casos una empresa y su rival pertenecen al mismo dueño.

Contra ello no hay defensa de la competencia que valga.

Otra característica de estos fondos de inversión es que no se dedican a una actividad determinada, sino que juegan en todos los campos donde puede haber ganancia y en general son oportunistas que medran con las crisis, el típico “a rio revuelto”. Por ejemplo, luego de la pandemia estos fondos adquirieron acciones en todos los laboratorios que potencialmente podían fabricar vacunas.

Esta falta de nacionalidad de las empresas se puso en evidencia durante la crisis del coronavirus, el “interés nacional” que los gobiernos querían imponer a las que creían “empresas nacionales” no era tal y en EEUU faltaba papel higiénico porque sus empresas productoras lo fabricaban en China.

A este fenómeno se lo denominó globalismo al que no debe confundirse con globalización.

La globalización es producto del avance de la tecnología de la información que eliminó barreras y acercó a los pueblos. Hoy desde nuestra casa podemos hacer transacciones comerciales o financieras con alguien al otro lado del mundo. La globalización eliminó muchas barreras culturales, hoy leemos por Internet diarios de cualquier país y nos resulta más fácil enterarnos de lo que pasa en el mundo (con ciertos reparos que no trataremos aquí).

El globalismo es un fenómeno económico y político que consiste en la desaparición de la noción de soberanía. Los países, salvo excepciones contadas, han perdido su acción soberana económica y sobre todo política.

Hoy las decisiones no las toman los gobernantes sino los dueños de fondos de inversión como Black Rock. En muchos países (como el nuestro lamentablemente) los gobernantes son meros gerentes de estos fondos financieros. Están a sueldo de ONG’s lobbystas como la Open Society que siguen un plan de dominación mundial y pertenecen a los grupos financieros mencionados.

En los últimos años, en oposición a esto, han surgido a lo largo del mundo movimientos políticos que enarbolan la bandera del soberanismo, entendiendo como tal la búsqueda de la vuelta del poder soberano de los países.

En esta corriente se encuentra NOS en Argentina, VOX en España y otros del mismo signo en otros países (Alemania, Gran Bretaña, Brasil, EEUU).

El soberanismo busca recuperar el control de las decisiones políticas y económicas por parte de los países.

Esta es una tarea ciclópea que requiere de quienes se involucran en ella de una gran capacidad de entrega y patriotismo.

El globalismo hace años que viene socavando el concepto de Nación de los países, con acciones que van desde la política de género hasta el ataque a las raíces históricas y culturales de las naciones. Quieren eliminar la identidad de las sociedades para así hacerles perder el sentido de Patria y poder dominarlas más fácilmente.

Con las políticas de género, la ESI (educación sexual integral) en las escuelas y en los medios de comunicación, buscan atacar el concepto de familia, que es la célula original de una sociedad.

Un Estado es una “sociedad jurídicamente organizada” y una sociedad es una sumatoria de familias. La sociedad es el tejido y la familia es la célula. Si se ataca la célula se acaba con el tejido.

El globalismo busca tener individuos aislados, sin lazos afectivos con sus seres cercanos, para así hacerlo más dependiente del Estado que será cada vez más totalitario y subordinado al poder global.

El globalismo busca un mundo donde gobierne una élite de megamillonarios, mientras que el resto de la población forma parte del hormiguero, produciendo y consumiendo lo que le manden, naciendo y muriendo cuando esta élite gobernante lo disponga.

El soberanismo por el contrario se centra en la familia, en la sociedad y en la Nación, es decir en la Patria.

miércoles, 27 de abril de 2022

Seguir Juntos para que no haya Cambio.

 

Hoy se reunió la mesa nacional de Juntos por el Cambio, para denunciar que Javier Milei busca dividirlos.

Esta acción demuestra el alto nivel de preocupación que el candidato libertario les produce.

Desde hace unos días también lanzaron con los medios de comunicación afines una feroz campaña de desprestigio contra Milei. Critican que usa chaleco antibalas, que tiene una presencia dudosa, que es demagogo porque rifa su sueldo de diputado, etc.

Se centran en su imagen, es decir en el envase, pero no discuten el contenido, representado en sus ideas políticas y sus propuestas para sacar a la Argentina del atolladero donde esta sumergida por culpa del populismo kirchnerista y de Juntos por el Cambio.

Esto es normal porque J x C no tiene ideas para enfrentar la crisis, o al menos son tan diferentes entre sus integrantes, que no se pueden poner de acuerdo.

¿Cómo habrían de hacerlo si en su interior existen pensamientos políticos tan disímiles como Radicales con su social-democracia, Carrió con su delirio místico-socialista, “palomas” como Larreta o Vidal con su vacilación marketinera y “halcones” como Bullrich o Macri cuyas ideas coinciden casi con las de Milei?

Se asustan porque pierden adherentes, y no reconocen que defraudaron a quienes los votaron creyendo que representaban las ideas de una derecha no muy definida pero incipiente y la realidad luego demostró que son tan populistas como los K.

Entonces aparece un Milei, con ideas concretas de reducción del gasto público, anti-estatista y una solidez en materia económica a la que no pueden enfrentar con argumentos creíbles y les hace temblar su endeble cohesión.

La culpa no es del libertario sino de J x C que es un rejunte ideológico imposible de plasmar en acciones concretas.

Juntos por el Cambio inexorablemente se va a dividir como ya lo hizo el Frente de Todos.

CFK con la jugada de separación de bloques no sólo les robó una banca en el Consejo de la Magistratura, sino que con el resurgimiento de Unión Ciudadana esta avanzando en su estrategia para el 2023, que consiste en liderar la izquierda, agrupando al kirchnerismo, junto al trotskismo, el Partido Comunista, los movimientos sociales “franciscanos”, los sindicalistas acomodaticios y otras fuerzas afines. De esta forma quedaría constituida una izquierda fuerte, que se sacaría la careta peronista y puede llegar a representar una masa de votos superior al 30 %.

El PRO debe oponerse a esta estrategia desprendiéndose de los Radicales, Coalición Cívica, y las “palomas” que terminaran formando una fuerza social-demócrata junto a Massa.

De esta forma los “halcones” del PRO pueden constituir una Derecha competitiva electoralmente, uniéndose al peronismo no kirchnerista (gobernadores, intendentes, Randazzo, etc,) y sumar a Lopez Murphy, Espert y Milei.

Obviamente esto requiere dejar de lado “egos”, una gran vocación patriótica y muchas ganas de sacar a la Argentina adelante.

Veremos si nuestros políticos están a la altura de las circunstancias.

Caso contrario habrá que acostumbrarse al kirchnerismo, como Venezuela se acostumbró al chavismo.

El que a los veinte no es de izquierda es porque no tiene corazón, el que a los cincuenta no es de derecha es porque no tiene cerebro.

 La frase no es mía sino de Winston Churchill.

La tomé prestada porque luego de más de sesenta años de vida, revela fielmente mi manera de pensar.

Si observamos el comportamiento de las últimas elecciones veremos que Cambiemos ganó en casi todas las provincias donde hay mayoría de gente que trabaja en la actividad privada, en tanto que la izquierda (el kirchnerismo) lo hizo donde hay mayoría de empleados estatales y “croriplaneros” que son básicamente lo mismo.

No es casualidad, en un caso hablamos de gente que sabe que para progresar hay que esforzarse, estudiando, trabajando duro. En el caso de los empresarios invirtiendo y asumiendo riesgos, usando la habilidad y la inventiva para destacarse respecto a los otros y así tener el premio del triunfo, sea con un ascenso en la empresa privada donde trabaja, el éxito empresario y la satisfacción de no deberle nada al Estado.

En el otro lado encontramos a individuos que comenzaron su actividad  donde al principio de su “carrera en el Estado” alguien les consiguió un puesto, generalmente bajo la forma de un “contrato” para luego ingresar a la “planta permanente” del ente estatal en cuestión. O peor aun les “consiguió un plan” que a manera de limosna los aleja cada vez mas de darle valor al trabajo fecundo.

Los primeros están acostumbrados a competir, saben que si se quedan sin trabajo pueden conseguir otro, porque se sienten capacitados y confían en sí mismos.

Los otros solo buscan la “estabilidad”, están acostumbrados a ganar todos lo mismo, independientemente de los meritos, conforman una masa amorfa donde nadie se destaca. O lo que es aun peor son un grupo de mendigos del Estado. Cualquier descendiente de inmigrantes europeos no podría imaginarse a su antepasado haciendo la cola en el ANSES o en el Ministerio de Acción Social para recibir la limosna de un “plan”.

Luego de varios años la manera de pensar de unos respecto a los otros se va separando cada vez más, creándose la famosa “grieta” de la que hablan los políticos.

Los “privados” tuvieron éxitos y fracasos, de los últimos aprendieron, volvieron a levantar los puños para la pelea por el sustento y cuando logran triunfar salen fortalecidos y con cada vez más confianza en sí mismos. Estos son los que construyen un país, los que realmente “se ganan la vida”.

Los otros son “parásitos del Estado”, es decir que viven de los que pagan impuestos, no necesariamente por su culpa sino porque el sistema se los traga, los convence que “todos somos iguales”, es decir que todos deben ganar igual, independientemente de los meritos. A veces obtienen un aumento “por antigüedad” es decir el premio por envejecer.

Luego de varios años de empleado público, el “trabajador estatal” (nada mas contradictorio en la Argentina de hoy que trabajador y estatal), se convence que si pierde su empleo no podrá conseguir otro, y de esa forma cae en la red. Su vida es un calvario de perdedor y recurre al mecanismo que cualquier psicólogo conoce como locus externo. Este mecanismo consiste en culpar de su situación de fracaso no a sí mismo por su falta de coraje para romper la “red” sino al “sistema capitalista” que con su individualismo lo deja afuera. A pesar de que en su fuero íntimo se sienten fracasados se quedan en el confortable refugio de la red, porque les da seguridad.

Así aparecen los “militantes de izquierda” aprovechando el excesivo tiempo libre que su “trabajo” le deja.

Estos “militantes” buscan en esa actividad la satisfacción que su condición de fracaso en lo laboral les niega.

Estos constituyen la masa de los lumpens proletariat que son usados por sus dirigentes políticos, es decir la elite que aspira a gobernar.

Estos últimos son de una característica completamente diferente. Son los “elegidos” y usan a los anteriores para procurar encaramarse en el poder y allí vivir una vida de privilegios, con condiciones muy superiores a las del proletariado que dicen defender.

De manera sistemática una vez en el poder procuran nunca abandonarlo, conformando el partido único y sometiendo a la población hasta que su sistema colapsa como consecuencia de su falta de eficiencia. En la historia encontramos numerosos casos de “paraísos socialistas” en quiebra, con sus dirigentes multimillonarios, generalmente en el exilio, con cuentas en paraísos fiscales y con su pueblo en la miseria.

Para encaramarse en el poder y sobre todo mantenerlo, los lideres de izquierda necesitan además de los idiotas útiles tratados anteriormente de los mercenarios, estos son de diferentes características, encontramos a los “intelectuales de izquierda”, artistas y “pseudo-periodistas” que a cambio de ciertos privilegios y reconocimiento público, que difícilmente lograrían en un mercado competitivo, colaboran con la propaganda del régimen.

En su afán de amasar una fortuna producto de la corrupción los gobernantes de izquierda también necesitan de un empresariado corrupto, generalmente ligado a la obra pública que comparten junto con estos el reparto del botín de las arcas del Estado.

Los primeros, es decir los lumpens proletariat son idiotas útiles, el resto son simplemente traidores a la Patria.

Esta descripción que hice del empleo público es aplicable a la Argentina y como en todo hay excepciones, existen empleados públicos que escapan a esta categoría dado que su actividad nunca puede ser privada, como la Justicia, las Fuerzas Armadas y de Seguridad, la Salud y la Educación. Si bien no caen en la categoría tratada anteriormente también tienen sus falencias que son de otra naturaleza luego de doce años de gobierno K.

En los países desarrollados donde el Estado es eficiente se da todo lo contrario, en el caso de Francia por ejemplo los egresados de las Grandes Ecoles, es decir la élite profesional, hacen generalmente sus primeras armas en el Estado para luego de unos años pasar a la actividad privada como cuadros dirigentes, para al fin de su vida laboral regresar al Estado con puestos de alto mando. En esos países el Estado es pequeño con pocos empleados pero muy eficientes. No es refugio de la desocupación disfrazada ni elemento para retribuir favores de campaña, ni mucho menos “aguantadero de militantes”. Una de las tantas cosas que un gobierno de Derecha tendrá que corregir para así reducir la cantidad de los que “están del otro lado de la grieta” ayudándoles a romper la red que los hace perdedores.

Esta en los hombres de bien que se ganan la vida sin vivir del Estado de ayudar a que esto sea realizable.

            

Todo gran incendio comienza con un pequeño fueguito.

 

En la década de 1820, durante la Guerra de la Independencia, San Martin y O’Higgins se enfrentaban en Chile contra el ejercito realista español.

Durante el siglo anterior, es decir el XVIII, la Corona española, ante la imposibilidad de derrotar a las tropas indígenas araucanas instaladas al sur del rio Bio-Bio, hicieron un acuerdo con éstos, donde reconocían que las tierras ubicadas al sur de dicho río, en el actual territorio chileno, pertenecían a la parcialidad indígena araucana.

Cuando las tropas realistas vieron que San Martin, luego del cruce de Los Andes en 1817, se aliaba con O’Higgins para unir fuerzas contra la corona, buscaron a su vez conseguir que los araucanos pelearan a su favor contra las tropas de la revolución americana.

El argumento usado para convencerlos fue que, si triunfaba la revolución en América, los nuevos dueños de los territorios no reconocerían el acuerdo efectuado entre los araucanos y España, y los primeros perderían las tierras ganadas al sur del Bio-Bio.

Esto motivó que los indígenas se aliaran con sus antiguos enemigos en contra de la revolución emancipadora dando origen a la llamada “Guerra a Muerte”, que es muy poco estudiada como realidad histórica tanto en Chile como en Argentina y que se extendería hasta 1832, cuando el General Bulnes termina capturando a los hermanos Pincheira.

Durante esta “guerra a muerte” aparecieron “montoneras” integradas por tropas irregulares españolas, mas algunos hacendados también hispanos residentes en Chile que perderían sus tierras si la revolución triunfaba, mas los indígenas araucanos. Estas “montoneras” eran famosas por su crueldad y barbarie siendo unos de los referentes los hermanos Pincheira.

Dado el salvajismo de éstos, tanto San Martin como O’Higgins, ordenaron que si se capturaba algún integrante de estas “montoneras” fueran ejecutados inmediatamente.

Del otro bando también les devolvieron el favor y de allí el nombre de “guerra a muerte”.

Cuando las tropas de la Independencia finalmente vencieron a las montoneras, los araucanos que habían participado tuvieron que cruzar la Cordillera y pasarse a territorio argentino para escapar de las represalias. Eso dio origen a la llegada de muchos caciques araucanos fundadores de nuevas parcialidades indígenas en territorio argentino. Tal es el caso de Calfucura con los llamados “pampas”, Chocorí (padre de Sayhueque) dando origen a los llamados “manzaneros” en el actual Neuquén (País de las Manzanas), y el padre de Llanquetruz fundador en territorio de las actuales Córdoba y San Luis de la tribu de los “ranqueles” progenitor del cacique Mariano Rosas.

Todas estas parcialidades recién llegadas al actual territorio argentino en la década de 1830 eran como se ve de origen araucano, es decir de la Región de la Araucanía en la actual República de Chile.

Estas tribus de origen araucano iniciaron el proceso de “araucanización” de los aborígenes de este lado de la cordillera como, por ejemplo, con los Tehuelches que en el caso de Chocorí acabo venciendo a la tribu tehuelche liderada por el cacique Orkeke, exterminando a los guerreros y quedándose con sus mujeres y niños. Este proceso culminaba con la “absorción” de una parcialidad por parte de la otra. Los inaloncos (capitanejos) araucanos Foyel e Inacayal son producto de este mestizaje entre padre araucano y madre tehuelche.

La denominación de “mapuches” es un invento moderno, no hay ningún documento (partes de guerra, artículos periodísticos, libros, etc.) que mencionen a este término “mapuche” con anterioridad a 1960.

Cuando los movimientos pro-indígenas de Argentina y Chile, especialmente de nuestro país comenzaron (siguiendo una corriente que se extendió a lo largo de todo América e impulsada por organizaciones europeas) a reclamar sus “territorios ancestrales” vieron que no era políticamente correcto llamarse araucanos, porque de esta forma estarían reconociendo que son de origen chileno, decidieron acuñar el término “mapuche” que es un genérico que en su idioma mapudungu  significa “gente de la tierra” (mapu tierra y che gente).

Siguiendo con un poco de historia, durante la Convención Constituyente en 1994, los miembros de la misma, a mi entender con una gran irresponsabilidad y demagogia, reconocieron el carácter de “pueblos pre-existentes” a los recientemente denominados “pueblos originarios”. Sin aclarar bien que significaba esto y sobre todo que consecuencias traía para el futuro (reconocimiento de territorios, población involucrada, nacionalidad, idioma, cultura, etc.).

Como siempre nuestros políticos vieron que era “políticamente correcto” seguir la onda indigenista que estaba instalada en todo América y agregaron este articulo a la Constitución, aunque luego no se sacara ninguna Ley ni Decreto que explicara los alcances.

Como “el que calla otorga” esto dio motivo para que los autodenominados mapuches, directamente desconocieran al estado nacional argentino y sus leyes.

Por ejemplo yo he asistido a reuniones con motivo de la Ley de Bosques Nativos donde habían sido invitados representantes de los “pueblos originarios”. Al comenzar la misma directamente nos pusieron al tanto que ellos venían por cortesía, pero que no iban a respetar a dicha Ley porque su nación desconocía al estado argentino y a sus leyes, dado que era “pre-existente” a la creación del Estado Nacional Argentino.

Como se mencionara anteriormente, este argumento es una falacia porque los mapuches, es decir araucanos, llegaron al territorio argentino recién en 1832, en tanto que el estado argentino fue creado en 1816.

Lo que para los simpatizantes de izquierda de las grandes ciudades y que nunca vieron a un “originario” comenzó a ser una causa que quedaba bien defender en las reuniones de “cumpas” bien regadas con alcohol y otras sustancias, los que si vivimos cerca de ellos comenzamos a sufrir hechos de violencia.

Para aquellos que consideran a los “pueblos originarios” como víctimas de un genocidio durante la Campaña del Desierto, va como ejemplo uno solo de los tantos hechos documentados por la historia (verificable con partes de guerra y periódicos de la época). Donde Calfucura al mando de un “malón”  integrado por ranqueles de Mariano Rosas, pampas de Pincen e indios araucanos traídos de Chile por su hermano Reuquecura, en junio de 1870 atacó con más de cuatro mil guerreros arrasando el pueblo de Tres Arroyos, para luego en octubre del mismo año volver a atacar Bahía Blanca, matando a más de un centenar de criollos, llevándose  otro tanto de cautivas y ochenta mil cabezas de ganado, de las cuales la mayor parte fue vendida a hacendados chilenos del otro lado de la Cordillera.

Para las “jóvenes de izquierda” que son feministas las invito a imaginarse las condiciones de vida de una cautiva blanca en una toldería “originaria” pampa o ranquel.

O sepan que cuando Pincén, luego de su captura en sus tolderías de Cura Malal (corral de piedra en araucano) fue trasladado a Buenos Aires, lo hizo junto a sus quince mujeres, diez de las cuales eran blancas y la menor de ellas tenía diez y seis años. Esta llevaba en brazos a su hijito de cuatro, producto de una relación “consentida” cuando la niña tenía once, con el viejo cacique que contaba con más de setenta.

En nuestros días, las empresas de Beneton y Lago Escondido (de Lewis), así como también otros vecinos menos conocidos, recibieron ataques a sus puesteros, bastantes violentos que terminaron con la quema de sus cabañas, incendios en galpones y maquinas viales.  Sus empleados sufrieron agresiones (los desnudaban, ataban y arrojaban a algún arroyo cercano de agua helada). En uno de estos ataques en julio pasado uno de los puesteros se defendió dándole una puñalada a uno de los conas (guerreros en araucano).

Volviendo a la actualidad, los gobiernos tanto K como de Cambiemos no prestaron mucha atención a estos hechos porque quedaban lejos de Buenos Aires y tenían otras prioridades, además de que ponerse en contra de los “pueblos originarios” no tenía buen marketing.

Ahora bien, volviendo al tema, nuestros “servicios de inteligencia” parecen no estar al tanto de que estas organizaciones mapuches reciben apoyo logístico del exterior, tanto financiero como doctrinario e incluso militar.

Este apoyo les llega de organizaciones (ONG’s) europeas pero que no se sabe bien quién está detrás.

Cada vez que toman una propiedad, sea pública o privada, lo primero que hacen es declararla como “territorio recuperado” y colocan la bandera mapuche, negando desde ese momento al estado argentino y a sus leyes.

Lo lamentable es que el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) les da apoyo logístico colaborando con estas acciones, que viniendo de funcionarios públicos constituyen el delito de traición a la Patria.

Los “originarios” reclaman como propios todos los territorios ubicados al sur de los Ríos Negro y Colorado, es decir toda la Patagonia.

Yo sé que parece risible, pero muchos conflictos muy serios comenzaron con demandas risibles (ETA, IRA, ISIS, etc.), y cuando la violencia estalla (fueguito) se puede convertir en un gran incendio y la Patagonia es un bocado muy apetecible para cualquiera, (Chile, Gran Bretaña, Israel, China, Rusia, EEUU, o todos ellos en una repartija dada la necesidad de tierra, petróleo y sobre todo agua dulce y litio, en un mundo lleno de gente y con cada vez menos recursos naturales).

Necesitamos un gobierno que defienda la propiedad privada y nuestro territorio nacional.

 

 

                                                                                                

 

Una solución integral al problema de la inseguridad en la Argentina.

 

Introducción.

 

La inseguridad es un problema al que el gobierno de Cambiemos no pudo encontrarle la vuelta,

Si bien fue una parte integrante de la herencia recibida del gobierno anterior, durante su mandato se la pasó dando “palazos de ciego”, no hubo un diagnóstico y mucho menos un plan para combatirla, existieron acciones aisladas y mediáticas donde se descubrió algún cargamento de droga o se pasó a disponibilidad a algún que otro funcionario policial acusado de corrupción, pero no dejaron de ser hechos carentes de un hilo conductor y mucho menos integrantes de un plan de acción global. En cuanto al gobierno kirchnerista actual no solo ni inició ninguna acción para atacar el problema, sino que directamente es cómplice de la delincuencia.

La inseguridad es un problema que tiene raíces complejas, en todos los niveles. Si hacemos un poco de historia vemos que la situación parece comenzar a agravarse a partir del advenimiento de la democracia, lo que implica un riesgo fuerte de que la gente común piense que existe una relación entre dictadura y seguridad. “Con los milicos esto no pasaba” se comienza a escuchar cada vez más a menudo y si observamos las estadísticas parecería que los que afirman esto tienen razón. Durante la dictadura militar casi no había delincuentes armados, es verdad que lo más probable sea que esto era así porque nadie quería exponerse a que lo encuentren con un arma y las fuerzas de represión lo consideren un “subversivo” y terminar en el Rio de la Plata o en alguna fosa común. Pero lo concreto es que a medida que transcurrieron los años de democracia los hechos delictivos fueron dándose en mayor cantidad y con mayor violencia, dejándole al ciudadano común la sensación de que el estado es incapaz de proteger a él, su familia y sus bienes.

El presente trabajo intenta hacer un diagnóstico del problema, sus orígenes, causas, evolución e interrelaciones entre sí, para luego esbozar un esquema de la solución posible con su plan de acciones concatenadas, con un orden de prelación, para lograr que la Argentina baje los niveles de inseguridad al de los países líderes en el tema.

 

 

El problema y sus orígenes.

 

Para comprender al monstruo debemos comenzar por analizar sus componentes principales, que a nuestro entender son:

 

·         El narcotráfico.

·         La corrupción política.

·         La corrupción policial y judicial.

·         La doctrina “garantista” en el derecho penal.

·         Una incorrecta interpretación de la doctrina de los derechos humanos.

·         Los factores sociales.

 

El narcotráfico.

 

El narcotráfico comenzó su penetración en la Argentina a fines de la década del 80 coincidiendo con la expulsión de los principales carteles de Colombia y Perú, como consecuencia del accionar de los respectivos gobiernos. Cuando estas fuerzas “patearon el hormiguero” del narcotráfico muchos de sus miembros comenzaron a buscar climas más favorables, dirigiéndose a Brasil, Paraguay, Bolivia y la Argentina.  En el caso de la cocaína los narcos de los países productores de la materia prima (la coca) que son Colombia, Perú y en menor medida Bolivia, percibieron como una buena estrategia elaborar la “pasta base” en dichos países para luego exportarla a los restantes (Paraguay y Bolivia) para allí finalizar la elaboración del producto, para finalmente trasladarla hacia la Argentina, Uruguay y Chile, para a su vez una parte menor volcarla al consumo en estos países y el resto exportarlo desde estos últimos a los mercados principales de consumo (Europa y los Estados Unidos).

Esta estrategia requería la instalación en estos países de organizaciones de narcotraficantes que además de tejer las redes de distribución para venderla localmente, serían los encargados de recibir la droga, “cortarla” para su distribución en el mercado local y organizar la exportación del resto hacia Europa y los Estados Unidos.

 

La corrupción política.

 

Para cumplir con este objetivo los narcos contaban con la inagotable fuente de dólares que el narcotráfico produce, para con este dinero corromper a las autoridades de los países a los que se dirigían. En el caso de la Argentina el hecho de que la misma se encontraba en democracia con las consecuentes pujas electorales hacía que algunos cuadros de partidos políticos fueran permeables a la corrupción, principalmente los intendentes de algunas localidades del conurbano bonaerense que comenzaron a obtener financiamiento para sus campañas políticas de parte de los narcotraficantes. Este accionar se vio favorecido por la falta de un sistema estructurado de financiamiento de los partidos políticos lo que hace que algunos candidatos inescrupulosos en su desesperación por obtener fondos para su campaña acepten donaciones sin preguntar demasiado de donde vienen.

Esto produjo que los narcos poco a poco comenzaran a enquistarse en el poder exigiendo la devolución de favores reclamando protección política para sus actividades.

 

La corrupción policial y judicial.

 

Para consolidar su poder las organizaciones narco comenzaron con su acción de seducción sobre las jerarquías policiales, principalmente en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, para luego extenderse a las del norte fronterizas con Bolivia y Paraguay, para finalmente al resto del país. La corrupción policial no nació con el narcotráfico, ya existían funcionarios corruptos tentados por la delincuencia ligada al robo de automotores, el juego y la prostitución, pero el monto de las dadivas era mucho menor, con la aparición del narcotráfico la corrupción policial entró en las ligas mayores y se volvió normal ver a comisarios con autos de alta gama, viviendo en casas quinta con pileta y dándose lujos incompatibles con su sueldo.

Como pieza final en el esquema de poder narco apareció la corrupción en el sistema judicial, que como en el caso de la policía ya tenía antecedentes con otros tipos de delito, donde algunos fiscales y jueces aliviaban penas de delincuentes a cambio de dinero, en el caso del narcotráfico los sobornos fueron muchos mayores tentando a una buena parte del poder judicial dando como consecuencia que prácticamente ningún narco de alto rango fuera condenado.

Lo anterior permitió la instalación de las organizaciones narcos en la Argentina que por provenir de distintos orígenes también comenzaron a luchar entre sí para avanzar sobre los territorios de sus rivales, iniciándose acciones de violencia nunca vistas anteriormente, con asesinatos a cargo de sicarios y ajustes de cuenta cada vez más truculentos.

 

La doctrina “garantista” en el derecho penal.

 

Complementando lo anterior y para complicar el cuadro de la inseguridad en la Argentina apareció, liderada por el Dr. Eugenio Zaffaroni, la doctrina garantista nacida durante el primer gobierno kirchnerista y alimentada por pensamientos de izquierda que consideraban básicamente al delincuente como una “víctima de la sociedad” al que bajo ningún concepto se debía castigar, sino que por el contrario había que ayudar. Durante dicho gobierno se trató a las fuerzas de seguridad con mucha desconfianza, no por las sospechas de corrupción que mencionáramos anteriormente, sino porque se las relacionaba con la represión de la dictadura, gatillo fácil, etc. Como consecuencia de ello a estas fuerzas se las instruyó (Nilda Garré) para que no hagan uso de sus armas, y cuando lo hacían se castigaba severamente a los efectivos Esto trajo como consecuencia que los delincuentes le pierdan el respeto a las fuerzas de la Ley y se fueran poco a poco convenciendo de que el hecho de cometer cualquier acción violenta con sus armas no les implicaba ningún riesgo. En los países centrales (Francia, por ejemplo), me consta que en el mundo del hampa existen dos niveles claramente diferenciados, el de los delincuentes que no llevan armas y el de los que si lo hacen. La mayoría se encuentra entre los primeros, que en el caso de que sean capturados la policía no le encuentra ningún elemento letal, esto les garantiza que llegaran vivos a verle la cara al juez. Por el contrario, los de la segunda categoría, cuyo número es mucho menor saben que el hecho de andar armados pone en riesgo su vida, normalmente se trata de delincuentes muy “pesados” (bandas que asaltan camiones blindados o bancos) que están dispuestos a todo pero que también saben que en caso de enfrentamiento con las fuerzas policiales (generalmente grupos de elite muy bien entrenados) las probabilidades de salir vivos son muy bajas. En dichos países en lugar del “garantismo” existe la teoría de la “peligrosidad potencial”, es decir que no es necesario que el delincuente haga uso de su arma para ser abatido, sino que desde el momento de que la policía detecta de que esta armado ya tiene el derecho de disparar, porque se considera que la peligrosidad potencial del delincuente lo justifica. Como consecuencia en Francia u otros países europeos pocos delincuentes van armados. Dejamos de lado obviamente los hechos de terrorismo que son de una naturaleza diferente.

 

Una incorrecta interpretación de la doctrina de los derechos humanos.

 

Relacionado con el punto anterior, el pensamiento de izquierda del gobierno kirchnerista centrado en que el delincuente es una víctima de la sociedad trajo aparejado que se aliviaran las penas, unido a la mala administración del sistema penal que generaba superpoblación carcelaria, dando como consecuencia que sea deseable para el sistema que se reduzcan las condenas de los presos, para de esta forma reducir la población carcelaria. Si comparamos las penas para delitos similares en la Argentina respecto a otros países (Europa o los Estados Unidos) vemos que en promedio en nuestro país éstas son entre un tercio y la mitad que la de estos países, con el agravante de que en muchos casos existe liberación anticipada. Dejando de lado la discusión respecto a que, si un agravamiento de las penas reduce el nivel de delitos, lo que daría para varios libros, lo que debemos pensar es si es lógico que tengamos condenas mucho menores que en los países centrales. ¿Están todos equivocados y nosotros (Zaffaroni) tenemos razón? Es una tendencia argentina el creer que somos los dueños de la verdad, especialmente en el gobierno kirchnerista. Nosotros, por el contrario, creemos que debemos imitar a los países que les va bien, especialmente en materia de seguridad. En los países serios tratan de que el delincuente peligroso no esté en la calle. Estadísticamente está comprobado que un delincuente juvenil que comete un homicidio antes de los veinte años de edad, cometerá durante toda su carrera delictiva entre tres y siete hechos similares. A menudo vemos por los diarios que un delincuente liberado de una condena por homicidio comete un nuevo hecho, esto solo lo sabemos por la prensa porque no existen estadísticas oficiales, pero de existir nos mostrarían que la tasa de “rehabilitación” carcelaria es muy baja. Esa es la razón por la que en los países centrales (Francia, por ejemplo) mantienen al homicida la mayor cantidad de tiempo posible preso, o muerto…, con el debido respeto al Dr. Zaffaroni. A esta altura es bueno recordar que la doctrina de los derechos humanos fue creada durante la revolución francesa.

           

Los factores sociales.

 

Por último, en la lista de causas de la inseguridad encontramos a las de índole social, que a mi entender son las que menos peso tienen en el conjunto del problema. Es cierto que la falta de oportunidades y la pobreza pueden incitar al delito, pero pobres hubo siempre y nunca tuvimos estos niveles de violencia donde se mata para robar un celular. Un adolescente con un arma no es un “menor” es un delincuente armado y como tal debe ser tratado. No hay que olvidar que los más afectados por la delincuencia son los pobres que no quieren caer en el delito y buscan abrirse camino en la vida como gente de bien. No nos olvidemos de sus “derechos humanos” a vivir en seguridad.

El narcotráfico agravó el problema social, sobre todo en los jóvenes pobres, iniciándolos en las drogas, especialmente las de baja calidad. Para reclutar a sus “soldaditos” los dealers barriales los inician en el “paco” que les destruye el cerebro, haciéndoles saber que no vivirán mucho, esta pérdida de respeto por la propia vida hace que la de los demás (sus víctimas) valga aún menos, produciéndose los desgraciados hechos que vemos a diario, donde se mata sin razón.

 

Hasta aquí una enunciación encadenada de lo que a nuestro entender son las causas de la inseguridad en la Argentina, a continuación, pasaremos a enunciar una serie de acciones también entrelazadas que conforman un plan para encontrar la solución.

 

 

Acciones para enfrentar el problema de la inseguridad.

           

Como vimos una de las principales causas del aumento de la inseguridad en la Argentina es la aparición del narcotráfico, las características de este tipo de delincuencia son:

 

·         Contar con sumas prácticamente ilimitadas de dinero.

·         Formar parte de una red internacional con posibilidades de ingreso y salida del país casi sin control.

·         Cobertura y protección por parte de miembros de la política, las fuerzas de seguridad y la justicia.

·         Armamento pesado y de última generación.    

·         Fuerzas de choque bien pagadas y mejor entrenadas.

 

Esto nos da una idea de lo formidable que es el poder del enemigo a enfrentar, actualmente se lo está haciendo con:

 

·         Fuerzas de seguridad con cuadros corruptos ligados al enemigo.

·         Jueces y fiscales en la misma situación.

·         Un marco legal que favorece el ingreso de delincuentes del exterior y dificulta o directamente anula su posibilidad de expulsión, unido a condenas de corta duración que ponen al delincuente en corto tiempo nuevamente en la calle.

·         Fronteras con controles débiles.

·         Personal con armamento y entrenamiento inferior al del enemigo a enfrentar.

 

La simple enunciación de estos factores nos indica la desventaja con la estamos luchando contra este flagelo y el sentido común nos lleva a pensar que si no cambiamos la situación la guerra está irremediablemente perdida.

 

Por el contrario, vemos que, si eliminamos o limitamos los niveles de corrupción en los estamentos políticos, fuerzas de seguridad y justicia, le estamos quitando al narcotráfico una de sus principales fuentes de poder.

 

Como atacar la corrupción.

 

Es tan formidable la cantidad de dinero a disposición del narcotráfico que su capacidad de seducción es muy fuerte (sin olvidad también su capacidad de amenazar al funcionario y a su familia). Por tal razón hay que poner en frente a esta capacidad de “corromper” un elemento de potencia similar o mayor.

Hemos analizado como actúan otros países frente al mismo problema y vemos que los más exitosos, los que cuentan con niveles mínimos de corrupción en sus funcionarios, han adoptado una estrategia (China, Japón, Singapur, y otros) de considerar a la corrupción de un funcionario público, cualquiera sea su naturaleza o jerarquía, como delito de Traición a la Patria aplicándosele la pena máxima (la de muerte en China o Singapur y la prisión a vida en Japón). Unido a esto nuestra propuesta es también la expropiación de los bienes obtenidos producto de esa corrupción.

 

Acción número uno:

El Poder Ejecutivo deberá enviar al Parlamento para su aprobación un proyecto de ley que considere a la corrupción de funcionario público como Traición a la Patria, pasible de la pena máxima e incluir las acciones de expropiación del producido por dicho delito.

 

Acción número dos:

Ahora bien, aun teniendo el marco legal será necesario para poder aplicarlo contar con una justicia depurada de corrupción, por lo que se deberá “pasar al peine fino” a cada funcionario (jueces y fiscales) comparando su nivel de ingresos con su nivel de vida, esta será una tarea ardua por lo que se deberá actuar de arriba hacia abajo, comenzando por los más importantes, un actor posible puede ser la Oficina Anticorrupción a la que se deberá dotar de los medios adecuados, los informes producidos se deberán enviar al Consejo de la Magistratura para su tratamiento, previa depuración de este organismo. El mero enunciado de esto hace pensar en el nivel de conflicto político que generara entre la justicia y el poder ejecutivo, pero en nuestra opinión no hay otro camino.

 

Acción número tres:

Para atacar la corrupción policial y de otras fuerzas de seguridad se deberá contar previamente con una fuerza propia en la que se pueda confiar, no olvidemos que cuanto se comiencen a generar los “anticuerpos” en las fuerzas bajo sospecha el riesgo de conflicto es muy alto y están por definición “armadas”. A menudo el gobierno está utilizando a la Gendarmería Nacional para las acciones en casos de corrupción de otras fuerzas. Es un tema a analizar con cuidado y con especialistas que conozcan bien a estos cuerpos desde adentro. En concreto se necesita una fuerza de choque amiga para poder intervenir a cada fuerza bajo sospecha, desarmarla y “pasar al peine fino” a los funcionaros para separar “la paja del trigo”. También es para evaluar la posibilidad de utilizar para este fin a las Fuerzas Armadas (Ejercito y Marina principalmente) porque a nuestro entender son las menos contaminadas por la corrupción narco.

Esta acción se debe planificar cuidadosamente dado el alto nivel de riesgo que implica. Cuando los jerarcas policiales se vean en peligro no dudaran en provocar acciones extremas (conflictos sociales, amenazas y atentados), para poder sustraerse a la acción de la justicia.

 

Acción número cuatro:

Esta acción se debe realizar luego de la numero dos (justicia), y luego de cumplida la número uno (leyes de traición a la patria – expropiación) centrándola en aquellos cuadros políticos instalados en posiciones de poder (intendentes, gobernadores, miembros de los parlamentos provinciales y nacionales), promoviendo acciones de juicio político para eliminación de fueros y luego pasar al proceso judicial.

Es de imaginar el descalabro político que puede provocar que hará tambalear las instituciones, pero estamos en “cirugía mayor” se necesitará mucho coraje y compromiso patriótico por parte de los miembros sanos de los tres poderes del estado para llevarla a cabo.

 

Acción número cinco:

Esta acción está orientada a atacar a la delincuencia operando en la calle generadora de los hechos de inseguridad que más impacto provocan en la población, consiste en la modificación de leyes del Código Penal, a saber:

·         Aumento de penas por los delitos para llevarlas a niveles de los países líderes en el tema (Francia, Alemania, algunos estados de EEUU). Como vimos en muchos casos llevara a duplicar e incluso triplicar la duración de las mismas, con la consecuente adecuación del sistema carcelario.

·         Modificación de las leyes de inmigración para impedir el ingreso de elementos indeseables del extranjero y la expulsión de aquellos que cometan delitos en nuestro país.

 

Acción número seis:

Eliminación de la “doctrina garantista en lo penal”, esta acción será muy resistida por los sectores de izquierda y las organizaciones defensoras de los derechos humanos, y será de largo aliento. Implica el cambio en el paradigma utilizado durante la última década en las facultades de derecho, donde se considera al delincuente un producto de la injusticia social. Requerirá el apoyo de académicos del Derecho y miembros del Poder Judicial. Como todo cambio cultural será largo y laborioso, pero necesario. Al mismo tiempo y al contar con unas fuerzas de seguridad ya depuradas y mejor entrenadas se deberá modificar el paradigma actual de “no tirar” por el de “riesgo potencial” usado en Europa y Estados Unidos (además de la mayoría de los países) donde las fuerzas del orden no esperan a que el delincuente haga uso de su arma para reprimir con la fuerza, sino que por el contrario el mero hecho de identificar que el mismo está armado le autoriza a abrir fuego y abatirlo. Esto también será muy resistido por la izquierda, pero hay que aprovechar la opinión general de la población que pide a gritos que se combata a la delincuencia para avanzar. El objetivo final es lograr que el delincuente se convenza que el hecho de andar armado pone en riesgo su vida (como sucede en los países mencionados) y a su vez vuelva a respetar a las fuerzas de seguridad. Esto se debe acompañar con mensajes a la población dirigidos a instalar que un delincuente abatido evita varias muertes de inocentes en el futuro.

 

Acción número siete:

Consiste en la creación de una fuerza de intervención federal orientada al combate de la “delincuencia pesada” que incluye a las bandas de narcotraficantes, esta fuerza deberá depender directamente del Ministerio de Seguridad y contará con personal muy bien entrenado en las técnicas de combate urbano y medios de última generación, tanto en armamento como transporte (vehículos terrestres, marítimos y aéreos), esta acción debe estar unido a un refuerzo de las fronteras, cobertura de radar y “ley de derribo”. La fuerza federal mencionada se conformará con miembros provenientes de las otras fuerzas de seguridad que hayan pasado la selección poniendo énfasis en su honestidad, honor y patriotismo. Estos valores que parecen estar fuera de época deben servir para crear en dicha fuerza la “mística” y sentido de pertenencia, que contribuirá a mantenerlos incorruptibles, como sucede con los Carabineros en Chile o el BOPE en Rio de Janeiro – Brasil. Esta fuerza federal es un reaseguro durante la fase de depuración de las otras fuerzas para intervenir en casos posibles de rebelión. Por su característica de “fuerza de élite” debe estar mejor paga que el resto para apuntalar su fidelidad y compromiso.

 

Estas acciones concatenadas están orientadas a instalar en los carteles internacionales de la droga el convencimiento de que la Argentina no es un país “amigable” al narcotráfico y que les conviene instalarse en otro lugar.

 

Conclusión.

 

Hasta aquí un esbozo que constituye el esqueleto de un plan de acción para combatir de raíz a la inseguridad, cada una de ellas deberá profundizarse y bajar a más grado de detalle, unido a un cronograma de implementación con responsables y plazos. Somos conscientes de que las acciones son de difícil realización y exigirán un fuerte compromiso político, requerirá la colaboración de todos los miembros del gobierno y de los tres poderes del Estado además de una tarea ciclópea por parte del Ministerio de Seguridad. No obstante, estamos convencidos de su factibilidad y resultados.